"Mucho que ganar y nada que perder."

"No me arrepiento de que Jesús haya cambiado mi vida, sino que le estoy muy agradecido porque me ha dado esperanza, todo lo que necesito y aun más."

por Jesús (Chucho)
(Universidad Veracruzana - Xalapa)

Hola, mi nombre es Jesús Hernández Pérez. Hasta hace unos seis años mi vida era lo que se podría decir "normal", pero hubo un acontecimiento que me cambió de ordinario a extraordinario. Quiero compartir contigo la mayor satisfacción que he encontrado en este mundo.

En el verano de 1996 mi vida giraba alrededor de los amigos de la Universidad, las discos, la bebida, el cigarro y las novias. Y entre tanto jaloneo me di cuenta de que ninguna de las cosas que hacía llenaba del todo mis expectativas. Mi interior estaba insatisfecho, y trataba de llenar ese vacío con las cosas que te mencioné, pero simplemente no lo lograban.

Cuando cursaba el tercer semestre en la Universidad me encontré a unos estudiantes extranjeros jugando en el jardín de la facultad. En ese tiempo yo estaba estudiando ingles, así que pensé que seria buena idea acercarme a ellos para practicar. Así comencé una relación de amistad que provocaría un cambio radical en mi existencia. Te preguntarás, ¿Por qué?

Con los días la amistad creció y uno de ellos me comentó que quería compartir algo muy importante conmigo. Yo acepté y nos fuimos a platicar en una de las bancas del pasillo. Mencionó que era necesario saber cuatro cosas: Me dijo: "Chucho...

  1. Dios te ama y quiere tener una relación personal, cercana contigo.
  2. Nuestra maldad no nos permite tener esta relación y nos aleja de Dios.
  3. Jesucristo murió en la cruz para perdonar nuestra maldad; y
  4. Debemos individualmente pedirle a Jesucristo que nos rescate y perdone nuestra maldad para poder experimentar esa relación de amor que Dios nos tiene reservada."

Cuando escuché esto no tuve problema alguno en estar de acuerdo. Sin embargo, el punto número cuatro no lo había considerado antes. Me preguntaron después si yo deseaba recibir a Cristo y quise hacerlo; hice una oración para pedirle a Jesús que fuese mi Salvador y mi guía.

Nada extraordinario pasó en ese día, pero con el tiempo me di cuenta de que teniendo a Cristo en mi corazón El estaba trabajando en mi vida. Me di cuenta de que el alcohol y el cigarro eran ahora sólo recuerdos vagos, y mis amistades eran profundas y sinceras. Ya no me identificaba con cosas que antes hacía. Aunque ese proceso de cambio en mi interior me costó algo de trabajo, estaba satisfecho y sabía que la decisión que había tomado fue lo mejor que pude haber hecho. No me arrepiento de que Jesús haya cambiado mi vida, sino que le estoy muy agradecido porque me ha dado esperanza, todo lo que necesito y aun más. Mi vida tiene sentido, y sé con toda seguridad que al final de mis días estaré sin con El, porque así lo prometió:

"Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en El, no se pierda, mas tenga vida eternal" San Juan 3:16.

"Porque el Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que se había perdido" San Lucas 19:10.

Hoy mi vida tiene sentido y está completa porque Jesús hizo una gran diferencia en mí. Te invito a que consideres si en tu vida le necesitas, piénsalo, tienes mucho que ganar y nada que perder.



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