Luchando sola con la pornografía

Una estudiante habla de su adicción a la pornografía

por Jennifer M.
formato pdf

Tengo 18 años, una personalidad independiente y a veces tímida. Me crecí en la iglesia toda mi vida. Cuando el recién formado equipo de música contemperaría me invitó a tocar la batería, encontré mi lugar en la iglesia. Mi vida fue bastante buena, pero sentí un vacío.

Durante mi enseñanza media el vacío crecía y mi curiosidad de encontrar algo, cualquier cosa, para satisfacerme crecía. Primero, encontré cosas pequeñas, como robar cigarrillos de mi tío abusivo. Pero eso no fue suficientemente poderoso para distraerme de la vida y llenar ese vacío. No me daría por vencida tan fácilmente. Soy Jennifer, tan fuerte como acero y voy a conseguir lo que quiero. Como una aficionada del computador, pude acceder a muchas cosas a que una cualquiera no tendría idea de cómo hacerlas. Encontré lo que quería, y conseguí lo que quería. La pornografía.

Tan rápido como empecé, estuve adicta. Esta enfermedad no fue un reemplazo para el sexo en mi vida... de hecho, era virgen y todavía lo soy. Fue simplemente algo para llenar el vacío que sentía en mi vida. Cuando estuviera triste, cuando tendría un mal día, podría simplemente entrar a mi pieza, cerrar la puerta, y sentir mejor. Y fue sin costo. Sin daño. Nadie lo supiera. Cada vez que fui al Internet, lo que buscaba eventualmente no sería suficiente. Tal como un adicto a las drogas buscando cada vez más fuerte la droga, tenía que buscar fuentes más fuertes para llenarme. Nunca paró hasta que Dios se puso entremedio.

No sé exactamente cuándo, o por qué, o cómo - aparte de la intervención muy necesitada de Dios - pero un día llegué de repente al conocimiento de que tan equivocada fue mi vida. Mi padre fumaba, y dejó de fumar de una vez. Ningún parche, nada de poco a poco. Sabía que eso fue lo que tuve que hacer. Descubrí que Dios fue lo único que podría sanar mi vacío. Borré TODO de mi computador, todas las páginas web, todos los videos, todas las contraseñas, todo lo que me guiaría de vuelta por el camino que me había nombrado una persona disgusta. Sencilla curiosidad tan fácilmente hecha adicción.

Poco después, fui a un retiro cristiano. Estaba emocionada, pero no esperaba el efecto vida-cambiante que tendría en mi. Ese fin de semana dediqué de nuevo mi vida a Cristo Jesús. Esto significa que dije a Dios otra vez: Quiero vivir para ti, totalmente y completamente. Quiero ser nueva creación (2 Corintios 5:17), transformada por el amor que me has mostrado. Sé que he hecho muchas cosas equivocadas, e incluso las buenas cosas que hago no son dignas de ti (Isaías 64:6). Pero sé también que Dios nos recató por su misericordia, no por las buenas cosas que hemos hecho (Tito 3:4-5). Entonces, desde ese día, me comprometí a Dios que lo que El piensa sería más importante de lo que piensa el mundo o lo que pienso yo. Todo lo que haría sería por Su Gloria, lo que El quiera que haga.

El amor que experimenté en el retiro fue lo que me ganó. Sabía que Dios me amaba, pero, ¿tanto? Tenía personas desconocidas alrededor que me servían a cada paso, orando por mi, dando me consejo, y expresando el amor que tenían por me. Pero, ¿por qué me amaban desconocidos? La Biblia dice que "amamos porque primero El nos amaba a nosotros" (I Juan 4:19) Me amaban porque sentían el amor de Dios hacia ellos. Y ahora que siento el amor de Dios para mi, quiero compartirlo que el mundo también. Además que el amor, experimenté la música de adoración de una manera como nunca antes. Me acerqué a antiguos amigos cristianos y hice otros nuevos. Después de ese fin de semana, Jesucristo brillaba en mi rostro y en mis acciones. Cada día he encontrado una razón para adorar a Dios...ya no hay vacío en mi. Nada en enojo. Nada de soledad. Nada de tristeza. Nada de temor. En Salmo 119:62 dice, "A medianoche me levanto para dar gracias a ti por sus leyes justas."

Así me siento ahora. Me siento como levantándome a medianoche, solo para adorar a Dios y alabarle por el cambio que ha hecho en mí y en mis amigos. Nunca serás demasiado joven ni demasiado viejo para que Dios no te cambie. "No dejes que nadie te desaprecie por tu juventud, pero dar un ejemplo para los creyentes en tu hablar, en tu vida, en tu amor, en tu fe, y en tu pureza." (I Timoteo 4:12)

Hoy. Hoy ríndete a Dios completamente. No tienes nada que perder, y vida eternal para ganar. Pablo dice, "El regalo de Dios es vida eterna por Jesucristo nuestro Señor." (Romanos 6:23) Acepta esta oferta y corre. Corre hacia Dios porque eres Suyo y siempre lo serás. Cuando todo el mundo te haya dejado atrás, El estará, porque El es, era, y será. Y te ama.



© CadaEstudiante.com