"Siempre estaba comparándome con otros."

"Todo lo que soy, lo soy gracias a El. Y mi físico, mi status, mi posición económica, mi intelecto...TODO es parte de Su obra perfecta en mi."

por Rossie
(Universidad Veracruzana - Xalapa)

Desde que era niña, mis "es-tu-dios" jugaban un papel muy importante en mi vida. Tenía dos años adelantados en la escuela (así que me gradué de 20), y mis calificaciones y destreza para el estudio eran muy buenas. Eso me hacía sentir un tanto "orgullosa" de mi misma, aunque en el fondo nunca estuve contenta conmigo misma como persona. Mi vida siempre estuvo llena de complejos: por aspectos económicos, de mi físico, de status y muchas cosas más. Envidiaba mucho a los chavos/as "ricos" a los "nice", a los "populares", a las "que tenían novio", etc. Y siempre estaba comparándome con otros. Mi valor dependía en cierta forma de cuán buenas fueran mis calificaciones.

Por supuesto, también me equivocaba, y cuando esto pasaba, comenzaba a recriminarme por mi torpeza, siempre me exigía a mi misma más y más. Esto afectaba mucho mis relaciones con otras personas, quería que todos fueran como yo en relación con las habilidades, pero a la vez quería ser como ellos en cuanto a su popularidad, belleza o economía. Y como no encontraba esa perfección que buscaba en ellos/as, y sentía envidia por las áreas en que me "superaban", comenzaba a criticarles, y finalmente perdía su amistad.

Yo casi nunca pensaba en Dios como amigo, ni en lo que El opinara de mí. Tenía mucho conocimiento de que existía y creía que debía "hacer cosas buenas" para ir al cielo... y las hacía: iba a la iglesia, daba dinero a los que piden en la calle, visitaba asilos, y sobre todo era buena estudiante, pero era más una costumbre heredada, que el interés de tener una amistad real y profunda con El.

Un día una amiga me regaló un folletito que me ayudó a entender, en mi corazón más que en mi cabeza, que Dios me amaba tal y como soy y estaba interesado en involucrarse en mi vida... no sólo en que hiciera caridades o fuera inteligente... pero que le conociera. Entendí que tengo valor porque El me hizo, y que Jesucristo no vino solamente para dar su vida por muchos a la vez... sino que El vino por mí, para que YO pudiera vivir en una amistad íntima con El. Y también supe que muchas de las cosas que hacía (incluyendo mi actitud) no le gustaban y por tanto eran pecado, y que este pecado no permitía que nos lleváramos bien. Entonces le hablé y le dije: "Dios, perdóname por todo lo que te he ofendido, y por ser indiferente a ti. Perdón por intentar ser autosuficiente y no incluirte en mi vida. Quiero que vengas realmente a mi vida, dirígeme para hacer las cosas que a ti te gustan. Por favor ayúdame a superar mis complejos y a vivir una vida que te incluya a ti en cada aspecto, porque ya no quiero serte indiferente".

Desde entonces, mi vida ha tenido un sentido diferente y especial. Todo lo que soy, lo soy gracias a El. Y mi físico, mi status, mi posición económica, mi intelecto...TODO es parte de Su obra perfecta en mí. Hay un salmo en la Biblia que me encanta y que me ayudó a entender esto, dice: "porque tú formaste mis entrañas, tú me hiciste en el vientre de mi madre. Te alabaré porque formidables, maravillosas son tus obras. Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas". También he aprendido que el amor de Dios es totalmente incondicional, es decir, no hay NADA tan bueno que pueda hacer que El me ame más, ni NADA tan malo que pueda hacer que El me ame menos.

Así que ahora mi identidad y autoestima ya no se basan en comparaciones absurdas con otros humanos imperfectos como yo. También ahora Dios me está enseñando a ver a los demás como El los ve, y no como mi criterio los define. Esto no fue un acto de magia, más bien es un proceso por el que Dios con Su amor me está llevando de la mano.



© CadaEstudiante.com