Dios y el sufrimiento, de primera mano

por Stacy James
formato pdf

Cuando estaba en mi penúltimo año de la universidad, estuve paralizada desde el cuello hacia abajo en un accidente de salto. En un segundito, mi mundo cambió por siempre. Fui de ser una extremamente activa universitaria a ser alguien que nunca más haría las cosas que una vez me encantaban: correr, bailar, girar el bastón de mando, y tocar el piano y la guitarra. Había planificado ser misionera y servir a Dios con mi vida. ¿Cómo podría El dejar que esto me pasara a mí?

Muchas veces estaría tirada en mi cama llorando, llorando porque estaba atrapada en un cuerpo que ya no podría controlar, llorando porque estaba aislada de mis amigos, llorando porque los médicos deberían poder arreglar esto. Estaba enojada a veces cuando algunos médicos parecían hablar tan fríamente de mi situación, y avergonzada por las miradas de otros estudiantes mientras rodeaba por el pasillo.

Había leído en la Biblia que Dios dice que una vez que lo conozcamos, jamás nos dejará. A pesar de que estaba deprimida, sabía que había esperanza porque Dios me amaba y todavía tenía propósito para mi vida. Yo había leído en la Biblia que Dios dice que una vez que lo conocemos que El nunca nos dejara. Fue mi decisión creer eso y dejarle pasar por esto conmigo, o estar amarga y enojada con El. Decidí seguirle, a pesar de que mis sentimientos no necesariamente estaban de acuerdo en ese momento.

Muchas veces cuando nos pasen malas cosas, estamos tentados a dudar el amor de Dios para nosotros: "Dios, si me amas, no me dejarías sufrir así." Aprendí que no podemos dejar que nuestras situaciones determinen el amor de Dios para nosotros. "Esto es como Dios mostró su amor entre nosotros: envió su Hijo unigénito al mundo para que viviríamos por El." (I Juan 4:9) Eso es la única cosa que podemos ver para determinar el amor de Dios. Ni nuestras bendiciones ni la ausencia de ellas.

Aprendí que el amor no significa la ausencia de dolor y problemas. Dios muchas veces usa estas mismas cosas para ayudarnos a madurar y crecer. La vida es y será difícil. Todavía experimento complicaciones a raíz de mi accidente, y he experimentado la muerte de seres queridos. La naturaleza de la vida es una mezcla de lo bueno y lo malo. Estoy aprendiendo a aceptar eso cada vez más mientras mi vida es más larga.

Dios también nos da la libertad de doler y llorar. El no expresar nuestros sentimientos es embotellar dolor que eventualmente se liberará de manera posiblemente destructiva. Cuando sufrimos, necesitamos tiempo para procesar el perdido o crisis, expresar nuestro duelo de manera correcta. No tenemos que fingir, especialmente con Dios. El nos hizo y sabe exactamente como nos sentimos. Todavía llevo mis preguntas a Dios en oración, y a amigos cercanos cuando necesito a alguien de carne y hueso.

Dios también promete una futura esperanza. Mientras mas tiempo vivo con los problemas de una lesión de la médula espinal, mas anticipo el día en que caminaré de nuevo en el cielo. Nos ha creado un lugar en lo que no lloraremos, no doleremos, no enfermáremos, ni moriremos.

Hasta hoy, no estoy amarga por causa de las circunstancias de mi vida. He visto la bondad de Dios, me he convertido en una persona más fuerte, y preferiría estar en una silla de ruedas y conocer a Dios que ser una multi-millonaria atleta profesional y pasar la eternidad separada de El.

Para ver más de la historia de Stacy, visita su página web en www.walkingvictorious.com.



© CadaEstudiante.com