"Por fuera mi vida parecía perfecta... Pero por dentro me sentía vacía."

"Mi identidad está determinada por lo que Dios dice que es verdad sobre mí y no por lo que la gente piensa o por mi desempeño deportivo."

por Suzette
(Tec de Monterrey, Monterrey)

Durante mucho tiempo mi aspiración en la vida era jugar basketball en la selección nacional de México. Dediqué mucho tiempo y esfuerzo para alcanzar el nivel necesario. Cuando ganaba un juego me sentía satisfecha conmigo misma, feliz... pero cuando perdía, me sentía horriblemente, pensaba que yo no era lo suficientemente buena y que no llegaría a donde quería llegar. Mi identidad y mis emociones cambiaban constantemente... como una montaña rusa.

Por fuera mi vida parecía perfecta. Tenía buenas calificaciones, era buena deportista, mis relaciones con mi familia y amigos estaban 'bien'. Pero por dentro me sentía vacía. Necesitaba algo más. Así que empecé a buscar en los lugares equivocados...

Una de esas alternativas fue el deporte. Empecé a trabajar muy duro y a hacer ejercicio para mejorar. Pero aprendí que aún cuando jugara excelentemente, no era una garantía de que mi equipo ganara, y cuando perdíamos, volvía a sentirme triste y desesperanzada.

Otro lugar en donde busqué satisfacción fueron mis relaciones personales. Esto me llevó a ser muy dependiente de mis amigos. Cuando una amistad iba bien, me sentía apreciada y valorada como persona, pero cuando había problemas, sentía que yo no era importante.

Cuando estaba en preparatoria, decidí dedicarme a entrenar todo el verano. Así conocí a unos chavos en el gimnasio. Vi algo diferente en ellos... Tenían integridad y estaban satisfechos consigo mismos sin importar si su desempeño fuese bueno o no. Así que me pregunté: ¿qué tienen ellos que yo no?

Al desarrollar una amistad con ellos, me explicaron cómo podía tener una relación personal con Dios, lo cual no había entendido antes. Entendí que estaba separada de Dios por las cosas que había hecho mal. Y comprendí que necesitaba pedir a Cristo que perdonara esas cosas equivocadas y me di cuenta de que realmente yo lo quería dentro de mi vida. El 10 de julio de 1999 le pedí a Jesucristo que entrara en mi vida.

Ahora, cuando juego, sé que si pierdo no significa que no soy lo suficientemente buena. Mi identidad está determinada por lo que Dios dice que es verdad sobre mí y no por lo que la gente piensa o por mi desempeño deportivo.

Mis relaciones son más saludables porque sé que no necesito ser dependiente de ellas para sentirme una persona completa.

Hay un versículo en la Biblia que ha impactado la manera en que me veo a mí misma y mi vida:

"...En todas estas cosas somos más que vencedores por aquél que nos amó." Romanos 8:37

Así que ahora ya no me preocupo tanto por ganar o perder, ¡Dios ya ha ganado por mí!



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